#486 Seis cosas útiles para dar clases sin liar la mundial
Un juego de rol. Lo que no está escrito en tu programación. Seis sesiones seguidas. Cuatro grupos. Tres preguntas. Y una aplicación en la que lo de menos es la aplicación.
Seis historias de seis profes de Educación Física.
Y en las seis pasa lo mismo, que es lo que las hace interesantes: ninguno cambió lo que enseñaba. Cambiaron cómo lo daban. Y les funcionó mejor.
Esta es la segunda parte de las seis pequeñas comadrejas. Te las cuento.
1. El mismo contenido, dos grupos y casi tres puntos de diferencia
Un compañero, Mario Amatria, cogió dos grupos.
Mismo contenido, misma coreografía, mismo tiempo. A uno le dio clase como se la había dado siempre: se explica, se observa, se repite. Al otro le montó un juego de rol, con personajes, con puntos de experiencia, con una narrativa.
Y luego hizo algo que casi ninguno hacemos en el día a día: medir.
El grupo que recibió la clase de siempre sacó 640 puntos sobre 1000. Un 6,4. El grupo del juego de rol, 937. Un 9,37.
Casi tres puntos de diferencia enseñando exactamente lo mismo.
¿Y qué cambió entonces? En un sitio el alumnado percibía que ahí pintaba poco: el maestro decía qué había que hacer, cuántas veces repetirlo, y daba el feedback. En el otro, el alumnado percibía que tenía algo que decir.
La comadreja: no es que tengas que montar una gamificación. Es que Mario le dio un motivo a los chavales para querer aprender eso que quería enseñarles. Hay muchas formas de hacerlo. Piensa en una y pruébala.
2. Lo que no escribes en tu programación pasa igual
Si alguien llega y te pregunta qué vas a trabajar en marzo, tu programación casi seguro que lo recoge. Los saberes, los criterios de evaluación, las medidas de atención a la diversidad, la metodología.
Todo eso suele estar escrito.
Pero eso no determina el clima de tu aula. Ni la motivación. Ni la autoconfianza. Ni la competencia motriz.
Y que no esté escrito en ningún sitio no significa que no ocurra. Ocurrir ocurre igual. Lo que pasa es que, al no estar planificado, sale como salga. Al azar. Como una lotería.
Noelia Belando lo llama la estructura interna, frente a la externa. La externa es la de los saberes, las partes de la sesión, la metodología. Y si no conoces la interna, no puedes actuar sobre ella.
La comadreja: no todo es enseñar y planificar saberes y criterios. Igual que planificas los contenidos, se puede planificar perfectamente lo otro. Y a veces te acerca más a tu objetivo que la planificación tradicional.
3. Se abre el telón
Se abre el telón: una clase hace una prueba de creatividad. Resultado, X.
Se cierra el telón. Pasan cosas ahí detrás. Se abre otra vez: la misma clase repite la prueba. Resultado, X más algo. Son más creativos que al principio.
La pregunta es qué pasó en medio.
¿Los pusieron a mirar nubes e imaginar formas? ¿Les dijeron aquello de «piensa fuera de la caja»?
Pues no. Lo que pasó en medio es que esa clase tuvo seis sesiones de Educación Física, pero no de cualquier manera: cuentos motores en la primera sesión de la semana, ambientes de aprendizaje en la segunda, y así alternando. Y se midió.
La comadreja: la creatividad no es una cualidad que unos traen y otros no. Es algo que se entrena, y se puede entrenar desde la Educación Física. María Sevilla lo hizo con esa secuencia; tú puedes buscar los recursos que te sirvan a ti.
4. «Organizadlo vosotros» y los grillos
Imagínate que quieres montar un campeonato en tu centro y que lo organice tu alumnado. Tú ganas tranquilidad, ellos ganan autonomía y confianza. Ganáis los dos.
Pero si llegas y dices «venga, vamos a organizar unas jornadas, manos a la obra», lo más probable es que suenen los grillos.
Y si no suenan, porque tienes un grupo que tira, es probable que al final acabes cogiendo tú las riendas: los espacios, los materiales, el horario, el cartel, las acreditaciones, los diplomas. Aquello que iba a ser una experiencia educativa para ellos se convierte en otro marrón que te comes tú solo.
Y lo peor no es que te cargues de trabajo. Lo peor es que, al hacerlo tú, les quitas a ellos la oportunidad de crecer. Perdéis los dos.
David García lleva años haciéndolo de otra forma: cuatro grupos, cada uno con funciones concretas. El laboratorio de contenido, el de servicio, logística y control, el de creatividad, y el de relaciones públicas y protocolo. Dicho así suena grande, pero cuando sabes qué hace cada grupo, cuadra y es bastante simple.
La comadreja: delegar en el alumnado no es soltar. Es repartir el trabajo en cajas pequeñas donde cada uno sabe lo que le toca. Si lo sueltas sin estructura, el trabajo te vuelve como un bumerán.
5. Las tres preguntas que debería responder tu alumnado
Hay evaluaciones que dejan al alumnado fuera de juego. Que lo ningunean. Y es un tipo de evaluación que a día de hoy se sigue usando mucho.
Así que te hago una pregunta: ¿es la mejor manera de evaluar dejar fuera de juego justo al que aprende?
Porque evaluar y aprender están más relacionados de lo que parece. Es que es lo mismo. Si dejas al alumnado en la cuneta de la evaluación, probablemente lo estés dejando también en la cuneta del aprendizaje.
Domingo Blázquez habla de evaluación formadora. Y quizás estés pensando: ya, sumativa, formativa, ahora formadora, auténtica. Te entiendo. Quédate solo con lo que la distingue.
En la formadora, es el alumnado el que responde a tres preguntas:
- ¿Qué tengo que aprender?
- ¿Cómo sé si lo estoy haciendo bien?
- ¿Qué puedo hacer para mejorar?
Y cuando las responde él, deja de depender de ti. Ellos son más libres, y tú tienes más tiempo para liderar en vez de ir corrigiendo por detrás.
La comadreja: asegúrate de que tus estudiantes entienden lo que les estás pidiendo, para que puedan participar en su propia evaluación y en su propio aprendizaje.
6. La aplicación en la que lo de menos es la aplicación
Esta va de atención a la diversidad. Y de la buena, porque funciona y no lo digo yo: hay un estudio montado para verificarlo. Podría llevar el sello de «científicamente demostrado», que en educación ya me dirás tú dónde está.
Un grupo de científicos desarrolló una aplicación que conseguía que chavales con discapacidad intelectual fueran más activos y más saludables.
Pero eso no es lo mejor.
Lo mejor es que el mecanismo que hay detrás lo vas a poder replicar en tu clase, incluso sin tecnología. Y para todo tu alumnado, tenga o no tenga discapacidad. No es tanto la aplicación: es la lógica. Es lo que hace que los chavales se enganchen. Eso es psicología, y eso sí te lo puedes llevar.
La comadreja: cuando veas algo que funciona, no te quedes con la herramienta. Pregúntate por qué funciona. La herramienta a lo mejor no la tienes. Pero el motivo, sí.
De dónde salen las seis
Ninguna de estas seis historias va de dar otra cosa. Van de darlo de otra manera.
La narrativa que les da un motivo. Lo que no está escrito en la programación. Las seis sesiones bien secuenciadas. Los cuatro grupos con su función concreta. Las tres preguntas que responde el alumnado. El mecanismo que hay debajo de una aplicación.
Y todas salen del mismo sitio: del Congreso de (muy) Buenas PrácticAS e Innovación en Educación Física. Que es lo que me interesa de él: no son teorías bonitas, son profes que están ahí fuera probando, midiendo y ajustando cosas que después podemos llevarnos a nuestras clases.
Puedes quedarte con las comadrejas que te he contado aquí. Pero también puedes querer más, y ver exactamente cómo se hacen estas cosas en el día a día.
👉 Congreso de (muy) Buenas PrácticAS e Innovación en Educación Física
Y con que una sola de estas seis te sea de utilidad, será más que suficiente.
El congreso es el 14, 15 y 16 de septiembre, online. Hay entrada gratuita para verlo en directo, y Pase VIP si quieres quedarte las ponencias.

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