#452. Cuatro consejos (infalibres) para avivar la ilusión por la docencia
Verás.
A veces nos cuesta ponerle palabras a cosas que sentimos.
¿Recuerdas cuando eras niño y veías una cabalgata de Reyes?
La emoción, la chispa en los ojos, la ilusión te hacía vibrar.
También pasaba cuando te ibas a dormir y ponías tu diente debajo de la almohada.
O cuando la chica que te gustaba te había echa un esbozo de sonrisa.
La vida es magia. Son momentos mágicos.
Sin embargo, luego creces y, la vida, como un ladrón silencioso y de guante blanco empieza a darte mordiscos.
Bocaitos diminutos.
Casi imperceptibles.
Que te van royendo la ilusión.
Y sin saber cómo ni cuándo un día estás viendo las cabalgatas con el móvil en la mano y diciendo:
-«Mira, un spiderman»
-«Uy, esos caramelos deben doler»
Y ya.
Los colores se vuelven grises.
Esto por absurdo que parezca tiene mucho que ver con la educación física.
¿Por qué?
Porque la vida adulta es un poco eso:
Una cabalgata donde antes gritabas como loco y ahora solo miras.
Igual que antes entrabas a tus clases con ganas… y ahora, muchos días, solo cruzas la puerta, das las clases como puedes y cuentas las horas para acabar.
Y lo peor es que todo eso pasa sin darte cuenta.
No a ti solo. A todos. Porque somos personas.
No robots.
¿Recuerdas tus primeros pasos en un centro educativo?
Pues eso.
Que es importante mantener la llama encendida. No como la de un fósforo que se apaga con un soplido sino como la llama olímpica.
Y aquí el movimiento del día:
1)
Déjate contagiar por tus alumnos. Ellos tienen esa energía cruda, esa ilusión que a veces olvidamos. Mira sus caras, sus risas, sus ganas de moverse. Absórbelo. Es como gasolina para tu fuego.
2)
Lánzate a pequeños retos. Cambia una dinámica en clase. Prueba un juego nuevo. No hace falta que sea perfecto, solo que te mantenga vivo como profesional.
3)
Fórmate. Siempre. No te quedes con lo que ya sabes. Busca un curso, lee un libro, prueba algo nuevo. Cada pequeño aprendizaje es un leño más para tu llama.
4)
Rodéate de gente que te sume. Deja a los quejicas a un lado. Que no te manchen con sus sucios trapos.
Cuando haces esto, algo cambia.
No en el currículo. No en los papeles.
Cambia dentro de ti.
Bueno.
Tu haz lo que tengas que hacer y estará bien hecho.
Lo que está claro es que las cosas se viven diferente cuando la ilusión te desborda, ya sean las cabalgatas o dar clases de educación física.
Eso da igual.
La ilusión, la llama, es la diferencia.
¿Fósforo menguante o llama olímpica vibrante?
La elección es tuya.
Siempre tuya.
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PD1. Se acerca el final. Abierta solo hasta el domingo 20.
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