Exposición oral en las oposiciones de Educación Física: lo que el tribunal ve cuando expones (y casi nadie te está contando)
La exposición oral en unas oposiciones es esa llave que te abre las puertas de tu plaza o te las deja cerrada hasta la próxima oportunidad. Lo he visto decenas de veces como tribunal.
Y lejos de lo que mucha gente piensa, la llave que abre las puertas de la plaza no te lo da tener un gran guión. Eso ayuda, pero no es la clave. En este artículo vamos a ver algunas cuestiones NO obvias para la exposición oral y que te pueden ayudar a hacer girar la llave hacia tu plaza.
Verás.
Mucha gente llega al día de la exposición oral con una programación didáctica sólida, situaciones de aprendizaje bien construidas, con claridad en los supuestos prácticos y meses de trabajo encima.
Y aun así, la plaza no termina de ser alcanzada.
No porque su trabajo sea malo. Sino porque…
Entre tener un buen trabajo y saber exponerlo hay una distancia que mucha gente no cruza.
Y esa distancia no se cruza memorizando mejor el guion, ni controlando los gestos de las manos, ni eligiendo bien el color de la ropa, ni evitando hacer esta o la otra muletilla. Eso son detalles. Mínimos, por cierto.
¿Y cómo se cruza?
Se cruza entendiendo cómo funciona realmente una exposición oral ante un tribunal.
En este artículo vamos a ver exactamente eso.
Que lo leas no garantiza que te vayas a hacer con tu plaza. Pero lo que vamos a ver es lo que suele percibir el tribunal cuando expones, los errores que comete casi todo el mundo y lo que marca la diferencia entre una exposición que puntúa alto y una que se queda a medias.
Y vamos a ver eso, porque como tribunal he visto muchas exposiciones orales y voy a compartir contigo algunas de las cosas que aprendí desde dentro. Tanto para la programación didáctica como para las situaciones de aprendizaje.
Empecemos.
Sonar a ti mismo: el error que nadie te dice que estás cometiendo
Hace un tiempo escuché una entrevista al doblador de Tony Robbins. A ese hombre que no solo tiene que traducir sus palabras sino que tiene que estudiarlo en profundidad para actuar como él, para capturar algo de su esencia más allá del texto.
Le preguntaron qué era lo que más destacaba de Tony Robbins después de haberle estudiado así de cerca.
No dijo sus conocimientos. No dijo su capacidad para hablar en público. No dijo su forma de gesticular, ni su energía, ni su dominio del escenario.
Dijo: su seguridad.
La seguridad con la que dice las cosas.
Piénsalo un momento. Una persona que ha tenido que diseccionar a Tony Robbins para imitarle, que ha visto miles de horas de grabaciones, que ha analizado cada matiz… y lo que más le impactó no fue ninguna técnica. Fue algo que no se aprende en un manual: la convicción con la que habla.
Y ahora piensa en tu exposición oral.
Hay opositores que llevan semanas trabajando aspectos técnicos: controlan la respiración para proyectar mejor la voz, practican los gestos de las manos, ensayan el tono, corrigen sus muletillas.
Y el resultado es una exposición que suena trabajada pero artificial. Impostada.
Y eso, aunque el tribunal no te conozca de nada, se nota.
Lo que no se puede imitar, lo que ningún manual te puede dar, es la seguridad que viene de estar convencido de lo que presentas. De saber por qué cada decisión de tu programación está donde está. De haber construido tus situaciones de aprendizaje con criterio propio.
Esa seguridad no se ensaya. Se construye. Y se construye antes del día del examen. Comprendiendo en profundidad. Y, como comprenderás, una plantilla no te va a dar eso. Así que mi primer consejo es que te centres en la comprensión profunda del por qué y el para qué de tus decisiones pedagógicas que implementas en tu programación o situación de aprendizaje.
La mejor exposición oral empieza mucho antes del día del examen
La mejor defensa de tu programación o de tu situación de aprendizaje no empieza el día del examen. Empieza el día en que construiste ese documento.
Piénsalo así.
Cuando estás enamorado de alguien y le hablas a un amigo de esa persona, ¿qué suele ocurrir? Que no tienes que esforzarte en sonar convincente. No tienes que pensar en el tono de voz ni en los gestos. La ilusión se transmite sola, sin que digas «estoy enamorado». Tu cuerpo lo dice por ti.
Con la exposición oral pasa exactamente lo mismo.
Si estás convencido de tu programación, si la has construido con criterio y entiendes por qué cada decisión está donde está, eso se transmite. El tribunal lo percibe aunque no sepa exactamente por qué.
Los seres humanos llevamos miles de años leyendo señales más allá de las palabras: el tono de voz, la mirada, los gestos, la confianza. Todo eso comunica antes de que digas la primera frase.
Y al contrario también ocurre. Puedes tener el guion más perfecto del mundo, pero si no estás convencido de lo que defiendes, el tribunal lo va a notar.
Por eso el segundo consejo no es sobre cómo hablar.
Es sobre qué construir.
Una programación didáctica, una situaciones de aprendizaje, en las que tú mismo creas de verdad. Con tú personalidad y no con la de nadie más. ¿Me sigues? Porque si crees en ellas, la exposición oral se convierte en algo mucho más natural de lo que imaginas.
El tribunal no es lo que crees
Uno de los mayores problemas que tienen los opositores con la exposición oral es la imagen que se forman del tribunal antes de entrar en la sala.
Lo engrandecen.
Al tribunal lo convierten en un ente abstracto e intimidante que todo lo sabe y todo lo juzga. Y eso paraliza.
Lo he vivido cuando he estado de presidente. Te acercas con total normalidad a «tus compañeros» para rebajar la tensión, sin embargo, se hacen pequeños. No porque el tribunal trate de hacerlos pequeños, sino porque ellos mismos otorgan al tribunal esa dimensión.
La realidad es otra.
El tribunal está formado por docentes en activo. Personas pisan pisado patio cada mañana, que dan los buenos días en la sala de profesores y han hecho lo que hace cualquier persona cuando se levanta.
No son profesionales de las oposiciones.
A muchos les ha tocado serlo y se tienen que aguantar. Y todos, sin excepción, tienen miedo a ser injustos con los opositores. Lo he vivido siendo tribunal. Esa sensación siempre flota en el ambiente.
Es decir: tú entras con tus nervios y ellos están con los suyos.
Normaliza al tribunal.
Tu misión en esa sala no es interpretar cada gesto que hagan. Es exponer con convicción el trabajo que tú has diseñado.
Y, aunque parezca contradictorio, exponer con convicción es hablar con sencillez.
Háblales con sencillez: lo que marca la diferencia y casi nadie aplica
Este es otro punto clave en una exposición oral y poca gente lo suele tener en cuenta.
Muchos opositores intentan sonar muy profesionales. Usan terminología técnica, frases elaboradas, referencias académicas encadenadas. Y el resultado es una exposición muy técnica. Quizás fría. Y muy exigente a nivel atencional para quien escucha. Y eso, puede jugar en tu contra, porque el propio tribunal puede desconectar.
¿Por qué?
Porque no puedes saber qué nivel tiene cada miembro del tribunal sobre el tema concreto que estás exponiendo. Y si alguien no entiende algo en una exposición oral, lo normal es que le quede una sensación de que quien no sabe eres tú y no él.
Pero hay algo más importante todavía, y es algo que va en contra de lo que la mayoría de opositores cree: cuando explicas algo de forma sencilla, transmites más dominio que cuando lo explicas de forma compleja. Paradójicamente, cuanto más claro y accesible eres, más competente pareces ante quien te escucha.
La pregunta que deberías hacerte antes de cada explicación no es ¿cómo demuestro que sé mucho? sino…
¿Cómo consigo que esto se entienda a la primera?
Eso es clave. Piénsalo.
Lo que te hace único (sin lugar a dudas) en la exposición oral
Todo el mundo va a decir que su metodología es activa y participativa. Todo el mundo va a hablar de evaluación formativa y formadora y de atención a la diversidad. Todo el mundo va a mencionar el DUA y las competencias específicas.
El tribunal lo va a escuchar una y otra vez a lo largo de toda la jornada.
¿Cómo te diferencias entonces del resto si tú también tienes que hablar de esos temas?
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Conclusión: menos perfección, más convicción
La exposición oral no la gana quien más cosas sabe. Ni quien más técnicas de oratoria conoce. Ni quien maneja el escenario a la perfección. La gana quien mejor transmite lo que sabe.
No te pierdas intentando controlar cada gesto, cada pausa, cada matiz de tu tono de voz. Céntrate en lo que multiplica: creer de verdad en lo que presentas, hablar con sencillez, poner ejemplos que demuestren que la teoría la has bajado a tierra y sonar a ti mismo.
No vas a ser presentador profesional, ni tampoco te van a valorar gente que tenga unos conocimientos extraordinarios sobre oratoria. Te va a evaluar gente normal y corriente, gente que cada día tiene que levantarse e ir a su centro educativo a impartir sus clases.
El tribunal lleva toda la jornada escuchando exposiciones. Una persona que entra convencida de su trabajo, que habla con claridad y que pone ejemplos que se entienden sin esfuerzo destaca por contraste. Te lo digo porque lo he visto desde dentro muchas veces. Aún así, vuelve a leer el artículo, toma tus notas y traza tu camino.
Suerte.

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